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Días de soledad

Hoy miré al cielo y vi una estrella.

Lloré al verla y cerré los ojos.
Pedí un último deseo
antes que una nube me la robe.

Entonces miré al cielo y ya no estaba.

Preferí besar a la soledad
que esperar con la incertidumbre del ayer.

Y mis ojos se llenaron de lágrimas.
Dolía decir adiós a lo que no deseaba irse,
pero más dolía tenerlo sin poseerlo.

Entonces, mi vida se desprendió del amor.

Y así pasé la primera noche sin ella.
Aunque ya eran muchas noches más,
en esta ya le di alas a la esperanza
para que vaya a dormir al mar.

Quizá las olas le otorguen un mejor hogar.
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Tormenta en el corazón

Hay una tormenta que golpea a los valles de la razón.
Una vorágine de ideas y polvo que danza
sobre los cadáveres de hombres que fueron poetas.
Pero de los cuales, hoy, solo quedan libros viejos.

Y se aglomeran los espíritus de las mujeres
que sabían recitar, musicalizando sus poemas.
Una novedad para la naturaleza de los versos.

Entonces la tormenta encuentra una calma
que le acaricia en lo más profundo de su ser.

Y el corazón se detiene de golpe,
tropezando con la piedra que trae la tormenta,
cayendo sobre el pantano de lágrimas
que dejaron tantos niños abandonados.

La melancolía se disfraza de princesa egipcia
y el turco lamento de las rosas negras.

Porque no es igual dormir sobre un pétalo
a dormir sobre la alfombra de sueños rotos
que se clavan como testimonios del Nazareno
en los pechos descubiertos de cadáveres que,
en algún momento, recitaron frente a la vida.

Paseo

Yo venía con la mirada perdida en el piso.
Tú venías con la mirada absorta en el cielo.

No nos dimos cuenta de cada uno.

Seguíamos nuestros pasos y latidos.
Pero estábamos ciegos de nosotros mismos.

Entonces chocamos boca con boca.

Y a ninguno le importó que fuera un accidente,
solo queríamos que no terminará el tiempo.

Así descubrimos lo bello de los accidentes.

Un poema corto

Decidimos cogernos de la mano
y caminar en dirección a la cama del sol.

Miramos el cielo y la luna nos sonrió.

No importaba nada más.
Tú me besabas y yo te amaba.
Y viceversa funcionaba el corazón.

Decidimos cogernos de la mano
y dejarnos llevar por la alegría.

No importaba nada más.
Éramos tú y yo sin tiempo ni medida.

Un pensamiento discordante con la naturaleza humana

Éramos una coexistencia que no poseía remedios. Palabras complejas e innecesarias para permitir que el amor hablara por nosotros.
Entonces decidimos desahuciar a los niños que nos miraban con ternura.
No éramos doctores ni mago. Menos sacerdotes. Solo éramos la sombra de un oscuro ayer donde se molían los huesos de cuervos y perros.
Y es el sonido amargo que cruje nuestros ojos mientras que los demás sentidos se embriagan tras un séquito de botellas de vino, vodka y ron.
Preferimos perder la cordura a mitad de la vida antes que perder la vida por poca cordura.
Entonces nos olvidamos que somos seres humanos y nos volvemos plumaje para algunas siluetas de aves. No nos quedan alegrías ni palabras para la medianoche, porque es necesario dejar que los claveles canten.
Ya no era necesario que hablemos o pensemos. Bastaba con los soplos asesinos de la noche que se aglomeraban frente a nosotros.
Y nos despedimos de aquellos niños moribundos. Nos despedimos de nuestros padres y amigos.
Nos vo…

El tango de Buenos Aires

Éramos un tango no bailado en Buenos Aires,
porque decidimos quedarnos en el hotel.
Hacía un frío poco común,
pero era la excusa para tomarnos un café.

Entonces decidimos permanecer incólumes
y desnudos entre sábanas blancas.
Posiblemente, esa noche,
éramos protagonistas de una porno.

Pero no. No podíamos caer tan bajo.
Nosotros no éramos hijos del diablo.
Éramos unas gotas caídas del cielo,
entonces solo éramos humanos.

Un par de pieles que cubrían almas
sedientas de amor y de pasión.
Porque el eros nos hizo descansar
ante aquel tango prohibido de Buenos Aires.

Y esta noche se desnudó ante nosotros,
dejando caer su vestido sobre la ventana.
Así quedamos bajo una noche ciega
que nos permitió entregarnos.

¿Cuántas historias más calzaron
en aquel barrio argentino?
Posiblemente éramos el amargo cuento
para los amantes desnudos.

Entonces nos despedimos de la cordura
y las sábanas blancas nos abrazaron.
Esta noche era de nosotros y de los secretos.
Éramos un tango no bailado en Buenos Air…

Historias sin final

Podrá nacer la noche dentro de las pupilas de los amantes, pero no será significado de algún final buscado. Porque el amor se transforma en una nube gris que esconde a la luna cuando esta desea amar. Hay historias sin final, que quedan atrapadas por las fauces del tiempo. Leyendas y poemas que se desprenden de las memorias de los navegantes sin retorno. Entonces miro de reojo a aquella paloma blanca se que viene y que trae consigo las hojas del árbol de la esperanza. ¿Cuántos suspiros me quedan? Mis latidos ya se encuentran cansados y el ocaso se transforma en miedo. Pero no existe final para aquellas historias de amor. No existen puntos gramaticales o designios divinos que permitan romper con los truenos, o que le quiten alas a los besos de los enamorados. ¿Cuánto tiempo queda para que el amor produzca frutos? Podrá nacer la noche dentro de los pechos de los esposos. Podrán nacer los finales de Marte y los suspiros de Venus. Pero las historias sin final son las que quedarán. Entonce…

La carta sin despedida

Querida Alli:

Ya son varios meses que han pasado.
El tiempo no es buen aliado
y la poesía ha quedado innecesaria.
No se tienen razones para pensar
bajo aquel mar de recuerdos.
Pero supongo que es la distancia,
la confusión o el mero silencio
que nos ha separado, una vez más.

Porque es simple decir "adiós"
cuando ya no deseas estar en un lugar.
Pero, para mí, es complicado despedirme
de aquel lugar donde deseo morir.
Porque encontré entre tus brazos
el canto melodioso de tu corazón
cuando las palabras eran cortas
pero querías decir "te amo".

Sin embargo, no sé despedirme de ti.
Tú, posiblemente, ya te has despedido.
Pero yo no sepa comprender tu silencio.
A veces, tu mirada me confunde,
pero es mejor agachar los ojos
y observar lo inestable que es el piso.
Porque ahí encuentro la forma de evitar
el querer abrazarte o besarte.

Ya ha pasado tanto tiempo
que Dios ha vuelto a envejecer.
Las mareas se han transformado en hielo
y la tierra ya tiene dos lunas.
Ha pasado e…

El vuelo

Deseo ser un colibrí y poder volar. Tener la capacidad innata de tocar el cielo y detener el tiempo. Deseo ser un colibrí y poder aterrizar en tu pecho. Detener la velocidad de tus latidos y entregarte algún poema  que compuso Gabriel antes de los hombres. Quiero volar y hablarle a Dios, decirle sobre lo difícil que es verte de lejos y que necesito morir en ti. Esconderme entre tus carnes y sentir tu aroma que es mi latido. Porque durante los cambios de estación permaneces incólume. Sigues presente en ese vuelo que presento. Deseo ser un colibrí y dejar un poema en aquel solar donde vas a pasar el rato. Quiero estar ahí, contigo, sin razón y sin motivo, estar sobre tu hombre y cantar a tu oído. Quiero estar cerca de ti, aunque las estrellas me empujen a estar lejos. Estar sostenido por tus manos mientras mis alas baten las lágrimas del sol sobre aquel rubor de la luna que nos admira cuando nos amamos. Deseo ser un colibrí y poder volar. Así podría romper las barreras y estar a tu lad…

Epitafio

[...] y ellos se abrazaron al sueño del sol.
La melancolía los había empujado
a entrecruzar las carnes de sus pechos [...]

Aquí duerme un hombre.
No sabemos su edad ni su tiempo.
Solo sabemos que es peruano,
con raíces del centro y del Asia.

Aquí duerme un sueño.
No sabemos si de amor o de verano.
Solo sabemos que era sobre Shey
y su profundo silencio.

Aquí yace un poeta.
No sabemos si amado u odiado.
Solo sabemos que era de verso libre
como el vuelo de los cisnes.

Aquí yace Emilio.
Lo único que sabemos de él.
Su nombre y su profesión.
Lo último que dejó escrito.

El velo negro del desierto

Mi alma se confunde con la noche. Mis manos son espejismos extendidos sobre las faldas oscuras del desierto. No hay manantiales cercas y los labios se resecan por la soledad. La noche es ciega y se cuelan los cuervos entre las carnes. Porque los ojos son innecesarios frente al velo negro del desierto. Las palomas son estrellas lejanas y solo se evidencia las huellas de la luna sobre aquel mar calmado. Mientras tanto, los huesos se vuelven ceniza ante el fuego oscuro del silencio. ¿Nos queda una pizca de ilusión? No. Nada queda durante el invierno. Mi alma se confunde con el frío, con la noche que me llama constantemente. Se mezcla con el velo oscuro del desierto, con aquella noche ciega que me ama. Entonces ya es inservible el cuerpo que se transforma en un espejismo para el canto nocturno de las mariposas. Aquí quedó mi vestigio. Mi huella sobre las arenas del tiempo. No. No queda esperanza. No queda consuelo. Solo la marca de una luna oculta sobre un mar callado. Y yo, oculto, bajo…

Cantos y promesas a la mujer que se ama

Te amo

Te amo y te necesito
como la marea necesita a la luna
o las flores necesitan de las abejas.

Te necesito y te busco
como el zorro busca a la noch
o las copas buscan el sol.

Porque es tan natural ver a los animales y plantas
moverse en dirección a la vida,
que necesito de ti en cada latido pausado
que emerge de mi pecho desnudo.

Necesito de tus cándidas palabras
durante el constante invierno que me atañe.
Porque no es tan sencillo proseguir en el camino
si la soledad es la mochila que llevo conmigo.

Te amo y, posiblemente, no te lo he dicho.

Me quedé callado durante aquel verano,
esperando que el otoño me dé fuerzas para hablar.
Porque no es fácil decir "te amo"
cuando el corazón posee cicatrices de tantos incendios.

Entonces descubro que los solares son una parada
para el cúmulo de promesas que llevo en mi pecho.
Mi corazón no aguanta el sinfín de palabras
que mi boca no puede pronunciar.

Necesito de tus ojos que hablen a mi alma.

Te amo y, posiblemente, sea tarde.
Po…

Llueve sobre un alma desnuda

Un instante es suficiente
para sentir la lluvia que baña
a un alma desnuda.

Un instante perdido
entre las manos del tiempo.
Mientras los claveles y las azucenas
se desvisten ante la Luna.

Y el otoño se aparta.

Se aleja bajo la falda del invierno
que se deleita con la pieza de vals
que componen los cisnes blancos.

Entonces se compone una sinfonía más
sobre aquel replicar de campanas
que son las gotas que golpean
el universo de un cuerpo.

Llueve sobre un alma desnuda.

Y hay historias que no merecen final.
Historias que deben ser tan largas
como los pensamientos de Dios.

Esas historias son gotas de lluvia
que siguen el sonido del invierno
que se deleita con aquella pieza
de los cisnes blancos.

Entonces el alma sabe de esperanza.

Y deja de llover. Deja de caer
melancolía sobre el pecho abierto
de los amantes desconocidos.

Entonces el alma sobrevive al pasado,
mientras besa al invierno.
Esperando por un retorno anhelado
durante largas noches ciegas.

Y el amor regresó, para no irse más.

Hashi

Hace cinco años, una bola peluda
se aproximó durante mi visita.
Un albergue para la sonrisa y la alegría
en medio de tanta porquería.

Se aproximó y se quedó dormido
entre las carnes de un desconocido.
Durmió placentero
y en una mano calzaba su alma.

Bola peluda que corría por la sala,
que saltaba mientras dormía.
Subía y descansaba sobre las faldas
de mi madre que sonreía.

Dormía con el correr de la mañana
y mientras uno se alejaba,
él lloraba por perseguir a la alegría.

Pequeño saltamontes peruano,
que se escabulle de la soledad aparente.
Entre los guiños y mimos de mis sobrinos
mientras busco aquel juguete que anhela.

Hace cinco años, una bola peluda llegó.
Ya va creciendo y sigue durmiendo
sobre las faldas de mi madre,
sobre la chompa de mi padre
o a los pies de mis pensamientos.

Sigue ahí, latente y patente,
como la sombra de una poema.

Hashi

Ideas de un adolescente

Son las ocho de la mañana
y me entregan el examen mortal.

¿Cuántas ideas revolotearon
en la mente de quien lo elaboró?

Y me pierdo en un basto ideario
donde se mezclan los sentimientos
para saber del futuro inmediato
donde pueda tocar el sol.

Porque el nombre es la idea precisa
para una mortaja de respuestas
que van desangrando a un lápiz.

Ya han pasado minutos
que se disfrazan de horas partidas
y el sosiego de la muchedumbre
se mezcla con la ironía del jurado.

Maldito examen que se regocija
con las ideas sueltas
de un adolescente que revolotea
entre París y Lima,
entre poesía y melancolía.

Y quiero decirle al mundo
que hoy me toca triunfar
aunque me marque una herida.

Respuestas que vienen y van
en una mente que delira.
Ideas de un adolescente
mientras desangra su lápiz.

Lapicero

Inútil lapicero que queda dormido sobre el frío abrazo de un escritorio que no diferencia entre nuevo y corroído.
Es inútil e innecesario. Es una mentira perdida entre los huesos de la parca.
Pero es el último barco para la idea de un hombre que no ama a la muerte.
Quedan implorando los magnánimos  a la luz de los poemas de poetas muertos y es el sol quien alumbra aunque la noche ya no se encuentre ciega.
Y es aquí donde germina la vida: en un frío escritorio de biblioteca abandonada.
Entonces el inútil lapicero revive del olvido, desvistiéndose del polvo de ayer para otorgar una sonrisa al mañana.
Porque el presente es una euforia silenciada por el canto cándido de las masas.
Y el poeta emplea a su viejo amigo, para componer el último canto para los caídos.
Lapicero que queda muerto a la deriva de ese mar inhóspito de pensamientos parisinos. Mientras se componen alegorías y cánticos para mujeres amadas y hombres odiados.
Inútil lapicero que duerme entre las cálidas manos de un poeta…

El vuelo de los cisnes

El silencio teje conjeturas tan intrincadas
que solo algunos expertos las comprenden.
Uniones complejas como las palabras de Dios
durante el génesis de la humanidad.

¿Por qué no nos perdonó desde el inicio?

Entonces el cielo se oscurece
bajo aquel velo virginal del vuelo de los cisnes.

Aves celestiales que nos regala la vida.
Aves que vamos cazando cada día.

Y así vamos ayudando al silencio
en aquella faena constante de presentar tejidos
que detienen a los seres humanos.

¿Por qué seguimos amando si no amamos el amor?

Posiblemente, por una cuestión de existencia,
por una faena constante de sobrevivir,
por un deseo inherente a no morir.

Y es un trabajo diario que nos tiene en vilo
mientras nos bañamos con la sombra
del vuelo de los cisnes. Aves libres
entre los brazos del viento divino.

El silencio entreteje palabras en nuestra boca
y nosotros nos prestamos a ese arte.

¿Cuál pasará primero, el silencio,
el vuelo de los cisnes o el maná del cielo?

Pregunta inexorable que penetre en nues…

Fotografía

Hay una melancolía perdida que se acompaña con una copa de vino. Se sirve fría cada mañana para iniciar la jornada diaria.
¿Nos queda alguna historia por contar?
Somos seres tan inestables, tan inefables, tan inciertos para nosotros. Sin embargo, seguimos ahí. Tratando de pintar pájaros azules entre los senos de una mujer árabe.
Seguimos ahí. Seguimos frente a una bahía virgen, tratando de dejarnos seducir por el cielo.
Pero nosotros no somos quien para entendernos. Solo somos polvo de una génesis pausada.
Una que dejamos marchar cada noche cuando el sol desea dormir. Pero el sueño es tan cercano a la muerte, tan peculiar y especial que pocos lo consiguen.
Hay una melancolía perdida y yo la bebo a solas cada madrugada.
La bebo como una copa de vino frío. La tomo en compañía de la soledad que va quebrando mis huesos cuando pierdo el sentido de las horas y la calma se transforma en una patología.
Entonces, seguimos ahí. Mi soledad, mi silencio, mi sueño. Mi razón y mi voluntad. Seguimo…

Complicidad

Y ella era cómplice
De sí misma.
Escucha el nombre de él
Y cambiaba su mirada.
Quizá seguía escondido
En el laberinto de su mente
O en el mar de sus recuerdos.
Pero ella era cómplice
De sus propias dudas.
Con una palabra atrapada
Entre las carnes de la razón.
Y él, no se daba cuenta,
De la ausencia marcada
Entre el frío de sus manos.
Ella lo buscaba. Él la buscaba.
Ambos no se encontraban
Y ella seguía escondida
Tras el silencio de su mirada.
Con un gesto de niña
Que enternece a María.
Ella era cómplice de sí misma
Y él no se daba cuenta.
Quizá, ella aún lo amaba.
Y él, posiblemente, también la amaba.
Pero el silencio embaucador
Los atrapaba en el tiempo
Y ella seguía ahí,
Mirando de lejos,
Cambiando el cántico de su pensamiento.
Pensando en tomar su mano
Sin que él se diera cuenta.
Ella era cómplice
De ese amor atrapado
Entre las manos de la esperanza.

Desvelo

Desvelo.
Sombra que atrapa al hombre
Cuando los ojos pesan.
Es un sonido tierno
Que proviene de un vecino misterio
Él, sin dudar, sale de su cueva
Y se acerca a la luz.
Aprecia los ojos amados
De sus hijos que le hablan.
Son la causa de su desvelo.
Sombra que atrapa en forma de llanto.
Y ellos, sus hijos, le miran con dulzura.
Tenían miedo.
La noche es fría y ciega.
La luna se escondió y tras una nube.
Pero él se asoma y les ama.
Los guarda en su pecho
Cuando la noche cae fuerte.
Y ella se asoma.
La razón de su esperanza: su esposa.
Se asoma con delicadeza
Abraza a sus hijos y a su esposo.
El desvelo es una sombra que los junta.
Y ellos, siguen ahí,
Como el primer día que se vieron.
En silencio, en misterio, en oración.
Porque la esperanza es una dicha
Que solo los locos reconocerían.
Y sus hijos los observan
Que ellos hablan sin palabras
Y cada uno duerme en un brazo,
Se esconde tras un pecho.
Son cuatro que buscan el sueño.
Son cuatro que duermen en el amor.
El desvelo es un…

Incierto

Es incierto el futuro que nos ahorca, que nos abraza a la una de la tarde. Es incierto saber la palabra del mundo, desconocer donde comienzan las manos y donde terminan los pies. Porque es un ensordecedor canto el que conmueve a los corazones fríos. Entonces se rompen los lazos de hermanos y la luna se parte en tantas piezas como seres humanos han llorado. Y el sol se resquebraja entre nuestras manos que se descomponen en las sombras de amores del pasado. Es un cúmulo de sonrisas que se guardan en virginales pechos que se entumecen al morir el sol bajo un manto tierno del mar. Y nosotros nos quedamos mirando, atentos a lo incierto que es la muerte que se esconde entre nuestras carnes.

Soledad

En ocasiones, deseo que solo la luna me hable. Deseo que las mariposas vean mis lágrimas y con ellas logren saciar la sed de las sombras de animales extintos. Porque, en ocasiones, es mejor la soledad que un mal amigo. Es mejor estar desapegado del mundo a esperar un amor que no trae tesoros. Porque prefiero hablar al silencio que es más precoz en su respuesta que aquel amor que marchó sin despedirse. En ocasiones, prefiero mirar a los cuervos volar y apreciar como mi sombra se mezcla con aquel plumaje de negro brillante que surca los cielos. Entonces el suelo se hace pantano bajo los pies descalzos de los pobres y mi poesía se transforma en liana que salva algunas almas. No a todas, solo a algunas. Porque no todos merecen vivir, no todos merecen ser mis palabras, no todos son capaces de entender ese amor que siento por mi soledad. En ocasiones, prefiero este veneno que a la compañía de una humanidad que quita deseos. Es mejor. Es más placentero. Es un diálogo intenso con mi conscien…

Indescriptible

No sé describir el sentimiento de una madre cuando ve a su hijo llorar. Las palabras quedan cortas y los idiomas solo son barreras para un alma que busca respuestas.
No sé la descripción exacta del amor y menos sé sobre el dolor que produce la muerte. Sé sobre teorías e hipótesis innecesarias. Sé sobre teorías de economía, sobre las injusticias de la banca y sobre el costo de las partes humanas.
Pero no sé describir sentimientos. Soy un poeta mutilado por los comentarios de tantos directivos que gobiernan ciegamente. Tantas personas que aluden a su cargo o a las títulos que va cosechando para poder emitir juicios de valor o poder.
No sé describir el odio ni el amor. Quedé corto por las palabras e idiomas. Por la misma inexactitud de algunas parábolas con las cuales crecí en la parroquia.
Ya no hay mucha coherencia entre acto e idea. Hasta hay profesores que cambian de doctrina con tal de mantenerse en la cima. Hay mentiras tan piadosas en maestrías que se pierden cabezas cuando se re…

La noche (Canto V)

La noche es tan larga
como la edad de Dios.
Porque la pena no cesa
mientras la soledad penetra
entre las virginales carnes
de una precaria adolescente.
La noche es tan larga
como la ira de una madre
cuando ve que a sus hijos
el padre los ha golpeado.
Es la ira intensa de los infiernos
que no logran apaciguar
a los cuervos que graznan
cuando oyen la prédica
de aquel cura que obra en pecado
cuando aparecen los diablos.
La noche es larga,
no se atreve a volver ser corta.
Porque se reviste de pena
cuando los niños lloran.
Es aquí donde nace la depresión
como cuna de golondrinas
cuando el ocaso se aproxima.
Una cuna que solo queda como vestigio
para algunos ojos que aprendieron a llorar.
La noche es tan larga e intensa
como el sexo que buscan los parroquianos.
Es una inquilina entre las piernas
de alguna pareja de amantes
que no encuentran posada en invierno.
La noche es solo una frenesí
donde se mezclan tantas miradas perdidas
que la luna atrapa
cuando los hombres dejan de soñar.

Amar otra vez

Deseo amar otra vez
y que mi piel se erice por un beso prohibido.
Amar como se ama a la luna
cuando uno asume la consciencia
a los años de nacido.
Amar como en los primordiales días
donde el hombre concibió a los idiomas.
Porque quiero volver a sentir
a la espuma de las estrellas bajo mi piel
y creer que la marea se mezcla
con los sabores de mi boca.
Y concebir al resplandor de las estrellas
como fuegos que dejaron los ángeles
para mostrarme el camino de vuelto.
Quiero volver a amar,
a sentir la piel ajena de una mujer
bajo el tacto sensible de mis manos.
Percibir sus latidos
cuando las rosas se ruborizan
por aquellos niños que las miran.
Deseo volver a quemarme con el sol,
desvelarme largas horas pensando en ella,
escuchar su voz y no despedirme.
Pasar días y días pensando en las sorpresas.
Ser un bobo más del amor.
Sentir a los pájaros cantar
y concebir que la muerte no es una realidad,
Deseo volver a amar,
sentir el sexo como un placer real.
Creer que la paciencia es una virtud
y …

Dicen

Mucha gente dice que te quiere.
Se inmola en palabras sencillas
que hasta los niños las comprenden.
Dicen y hablan muchas maravillas.
Descubren el sol y la luna
entre los dientes amarillos
de los adolescentes que sonríen.

Muchas gente dice que te quiere
pero es mentira.
Porque de principio a fin
solo buscan sentirse bien ellos mismos
al querer dar cariño
cuando carecen de sentido.

Incluso, este escrito, busca ser
una forma de expresar cariño.
Pero de cariños y caridades
el hombre no encuentra sentido.
Porque repite palabras y gestos
cuando se acaba la imaginación.

Se dice "te quiero" tantas veces
como puedes tener sexo con una prostituta
o como tantas veces puedas masturbarte.
Pero jamás se logra comprender
lo indescriptible que es el amor
en un alma que tocó a la depresión.

¡Carajo! Hasta la consciencia tiene voz.
Y reclama por cada cariño interrumpido
Pero se confunden el sexo y el género
en algún diccionario manipulado.
No se entiende de amores humanos
cuando actuamos co…

La muerte

¿Qué es la muerte?

¿Qué es morir?

¿Qué es vivir?

Ideas trinitarias
enlazadas por un fino hilo
que pende del corazón.

Entonces,
la noche se quiebra
en la boca de una mujer.

Se buscan respuestas
entre los cadáveres
de gatos y perros.

Pero los niños juegan
y no comprenden
lo difícil de pensar.

¿Qué es la muerte?

¿Qué es morir?

¿Qué es vivir?

Los muertos no hablan
con los vivos
aunque se lo pidamos.

No cuentan
lo que se encuentra
al otro lado de la puerta.

Solo escuchan
de plegarias y maldiciones
a la medianoche.

Entonces,
los muertos
nos atacan.

¿Qué es la muerte?

¿Qué es morir?

¿Qué es vivir?

Un canto que no cesa
aunque le recemos
a estatuas de madera.

Porque el fuego
consume carnes
y seca lágrimas.

Entretejidos de penas
que deslumbran
a los que piensan.

Y el hombre
aún no sabe
lo que es la muerte.

Aunque esta
siempre que quiera
lo seguirá esperando.

Olvidar el amor

Quiero olvidarte.
Olvidar que tus ojos eran estrellas
y que tus pasos detenían la marcha
de gorriones y mariposas.
Quiero olvidarte
y enterrar tus besos en arena
para que el mar los ahogue.
Olvidarte.
Olvidarte.
Olvidarte.
Olvidarte en el silencio de algún santo,
en la soledad que nace en calabozos,
en la pena que surge de la muerte de las rosas.
Quiero olvidarte
y a tu amor rechazar durante la primavera.
Irme lejos
y consumir mi memoria en el sol.
Arder en el infierno
para así no encontrarte en el cielo.
Quisiera, quiero, deseo, anhelo,
arrancar el trozo de carne
donde grabé tu nombre.
Despojarme de aquel espacio del espíritu
donde duerme la esperanza
que siempre aguarda por ti.
Quiero olvidarte
así con la rapidez que muere un deseo
cuando una estrella se esconde.
Olvidarte con lo enternecedor que suena
el olvido cuando la luna canta.
Quiero olvidarte,
y creer que también tú me has olvidado.

El discurso perdido de Onán

Soy Onán y el Señor me castigó. Decidí dejar mi semilla en suelo antes que en la profunda carne de mi mujer. Preferí el infierno que la descendencia. No deseaba criar un bastardo. Bastaba conmigo, mis ideas, mis miedos, ... Mis propios demonios me hablaban durante las noches de desvelo intenso.
¡Y miré al cielo! Imploré por misericordia. Pero Dios no me quiso atender.
Mis antepasados se retorcían en sus tumbas. Del polvo emergían voces que catapultaban amapolas al cielo. Como leyera en el futuro: "llovían hombres de la tierra a los cielos" y yo procuraba por ser uno de esos hombres. Escapar de mi propio infierno. La vil muerte que se desnudó ante mis manos.
A mi mujer le fui infiel. Le cantaba a la luna cuando tenía una amante a mi lado. Le cantaba al sol a pesar de besar sus entrepiernas. Besaba a las flores, a pesar que poseía sus labios. No quería que ella sea rociada por mi alma. Quería que ella se fuera. Porque en mi mano, en mi deleite, en mi boca, en mi ser, encontra…

Los días fríos

El invierno comienza cada mañana cuando te despides. Inicia con tus ojos cerrados y el puño que entregas a la mano extendida que te busca. Es un peregrino silencioso esta voluntad que te busca en medio de una fiera ventisca que nos regala la Luna. ¿Cuántos inviernos deberemos proseguir hasta que nuestros corazones provoquen una primavera? Y así provienen los días fríos que acaban con la esperanza que es una viva llama en el medio de mis carnes. Aún te espero. Ya quiero que acaben estos días que dan inicio al invierno. Vuelve, regresa, retorna a este pecho que siente frío sin ti. El invierno comienza cada mañana cuando te despides.

Espejismo

Veo a mi madre extender sus brazos.
Me engulle en su pecho
y me devuelve ese aliento que perdí
cuando el solsticio emergió
como serendipia para los espíritus sedientos.
La melancolía es una silueta
que enceguece a los ojos durante el día.
Y solo procuro un espejismo
que sea el amor que seguí esperando
bajo la sombra de aquel árbol
que de viejo iba a morir.
Veo que el cielo es un mentira
que cae sobre mis hombros cansados,
dándome de beber
cada vez que el sol desea morir.
Veo a mi madre extender los brazos
y pedir que descanse en ella.
Que no tenga miedo
y que le dé descanso a mi voluntad,
pues la razón se doblegó
cuando la noche quedó ciega.
Es el último canto de las mariposas
antes que el hombre toque el sueño
de la muerte que sonríe.

Quiero amarte

Quiero amarte.
Tanto como sea necesario.
Aunque los cielos lloren
Y las estaciones pierdan el orden.
Quiero amarte
Por encima de credos y naciones
Por encima del poder de la banca
O de los discursos del Rey.
Quiero amarte
Aunque el eclipse no tenga final
Y las hojas del ciprés
Pierdan su color durante la primavera.
Porque hay más obstáculos
Que oportunidades
En esta aparatosa vida que compartimos.
Quiero amarte
Aunque sea necesaria una vida de más.
Aunque sea necesario desnudar a la Luna
E iniciar el diálogo con Andrómeda.
Porque más vale morir en el intento
Que no poder amarte.
Quiero amarte
Aunque me rechaces.
Aunque me odies y me botes.
Porque al final,
Después de tanto insistir,
Sabré que aún me amas.
Que no importa la negativa respuesta,
Solo importa la luz de tu mirada
Cada vez que te diga «te amo».
Quiero amarte
Y depender del vuelo de un colibrí
Para detener el tiempo
Cada vez que nos besamos.
Saber que el invierno muere
Bajo el abrigo de tus brazos
Y que el verano e…

Patria

Mi patria es un suelo virgen. Es una nación gobernada por ideas. Donde las flores son luciérnagas y los pétalos son hamacas. Mi patria no posee límites y los sueños son alas para el corazón. Mi patria es cuna de parias y olvidados, de pensamientos oxidados por los bravos brazos del mar que se generan en los ojos de aquellos amores perdidos. Mi patria es un Edén escondido bajo la piel de la mujer que amé. Aquí no hay necesidad de nacionalidad, de credo, de ideología. No hay necesidad de idioma o voz. Basta con la mirada para charlar sobre la esperanza que embauca a los miedos que germinan entre las manos rotas del ayer. Mi patria es la calma de su mirada, de su silencio que atrapa mis palabras. Ahí, donde ella duerma, esa es mi patria y descanso. Ahí, donde ella hable, será mi poesía y dolor. Porque en su silencio y miedo se encontrará la muerte misma que me invada cuantas veces ella me diga adiós. Mi patria es ahí, donde ella decida vivir y amar, bajo su piel, entre sus carnes, en el…

Hoy

Hoy dormiré frente a un lago
y buscaré tu reflejo sobre el agua.
Buscaré aquella esencia perdida
de la última vez que nos besamos.
Procuraré sentir la fragancia que usabas
y bañaré con ella a los vientos alisos
que se aproximan durante las noches ciegas.
Porque hoy no dormiré en vano,
hoy quiero sostenerme de algún encanto.
De esa pósima oculta entre calabozos y bibliotecas,
la misma que se compone por néctar de claveles
y pétalos virginales de rosas negras.
Hoy dormiré con el pecho descubierto,
esperando que los signos se pongan de acuerdo
y me permitan sentir la mano del universo.
Y confundirla con tu mano que regresa
a sacarme de aquel agujero negro
donde deposité nuestras memorias.
Hoy pensaré en el futuro sin tiempo
y en las esquirlas de luna que bebí
durante las largas noches del invierno.
Porque tu ausencia fue un castigo divino
mientras mis carnes se consumían en silencio
bajo las brasas de tantas personas olvidadas.
Niños, mujeres y hombres,
tantas lágrimas que se confundier…

Enamorado

Estoy enamorado de la vida perdida que probé
en aquella noche ciega de noviembre
donde conocí del silencioso modo
que los seres humanos han concebido el "adiós".

Estoy enamorado de la pobre manera de dormir
de los astros azules mientras danzan solos.
De la sutil forma de detenerse sobre el lomo
de un colibrí que revolotea entre las carnes perdidas

de una humanidad perdida y golpeada.
Estoy enamorado de la pronta forma de morir
de los geranios y las azucenas durante el invierno.
De ese río de sangre que dejan a sus hijos.

Estoy enamorado de aquel gato que vuela
sobre el lomo desnudo de un cisne negro.
De la elegancia que poseen para llegar a la luna
y desnudar aquel lado oculto que es ajeno a los hombres.

Me siento enamorado. Perdidamente enamorado.
Especialmente luego de componer estos versos
bajo la dosis perfecta de licor, sangre y amor.
De aquel suave cóctel guardado entre carnes desnudas

de una preciosa mujer de descendencia egipcia.
De aquel diamante rojo escondido en …

La estatua del cementerio

Empolvada y abandonada.
Dejada a la suerte de los visitantes
y la mirada perdida de los cuervos.

Gallinazos que se aglomeran en el cielo
cuando un cajón negro pasea por las calles secas
de tantas voces atrapadas por el tiempo.

Empolvada y abandonada.
Dejada a la suerte de las prostitutas y parroquianos,
de los inquilinos ajenos de este cementerio.

Pues es la estatua de la muerte
la que abraza el largo invierno
que invade a los visitantes sin retorno.

Entonces la noche atrapa los instintos
de tantos peones que buscan los brazos de Eros.
Es el único escape del olvido.

Y nosotros, simples mortales, que vemos
pasar a los gallinazos sobre nuestras cabezas,
reclamando por nosotros.

Empolvada y abandonada.
Dejada al olvido de nuestros ojos.
Es la estatuta del cementerio.

La que desiste de mantener sexo con el tiempo
y se antoja de sentir el beso de la muerte.
El único gozo durante el largo invierno.